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21 Ene

Mantenerse activo para cuidar nuestras articulaciones y retrasar la osteoporosis

Artrosis

La artrosis es una enfermedad que deteriora el cartílago encargado de proporcionar movilidad a nuestras articulaciones. Además absorbe el impacto sobre el hueso preservando nuestro movimiento y funcionalidad.

Con el paso de los años, el cartílago se puede ir degradando y adelgazando, lo que produce perdida de su función protectora y genera una disminución del rango de movimiento de nuestras articulaciones. A partir de ese momento, empieza a notarse rigidez por las mañanas o tras un periodo de descanso, dolor y chasquidos al caminar, incluso inflamación y calor local a lo largo del día.

La artrosis suele localizarse en la rodilla, con lo que nuestra capacidad para caminar se puede ver seriamente comprometida. Para evitar esta degeneración es muy importante adquirir una serie de hábitos que nos permiten preservar la salud de nuestras articulaciones.

Consejos para preservar la salud de las articulaciones

  • Realizar actividad física de forma regular.
  • Evitar, en la medida de lo posible, excesos de carga e impactos innecesarios.
  • Mantener una dieta equilibrada, ya que las caderas y los pies sufren mucho cuando estamos en sobrepeso.
  • En los casos necesarios, someterse a tratamientos específicos como condroprotectores y analgésicos.

Otro de los problemas más habituales es la osteoporosis. Se trata de una enfermedad esquelética en la que se produce una reducción progresiva de la densidad mineral ósea y, como consecuencia, el hueso se vuelve más frágil y con mayor riesgo de fractura ante pequeños traumatismos.

Mujeres, menopausia y osteoporosis

La enfermedad es mucho más habitual en mujeres, sobre todo después de la menopausia. El pico máximo de resistencia del hueso se alcanza en torno a los 30-35 años, por lo que resulta fundamental conocer qué pautas seguir para preservarla y que los huesos se mantengan resistentes por más tiempo.
Se aconseja una adecuada ingesta de productos ricos en calcio, frutas como el kiwi, la fresa y los higos, y las verduras, sobre todo espinacas, brécol y acelgas. Se recomienda una ingesta diaria de 1.000 – 1.500 mg al día.

Y también es importante realizar actividad física, en particular aquellos que requieran impacto como: caminar, trotar o correr y bailar. El hueso es un órgano vivo que está formándose y destruyéndose continuamente y el impacto sobre el mismo estimula la formación.

Recurrir a la vitamina D

La vitamina D es una vitamina con función hormonal que cada vez tiene más importancia en el equilibrio de nuestro metabolismo en general y, en concreto, en la absorción de calcio y su fijación a hueso. Se han publicado varios estudios que afirman que una gran parte de la población presenta déficit de vitamina D.

La principal fuente de vitamina D proviene de la exposición de la piel a la luz solar y solo una parte proviene de la ingesta de ciertos alimentos como: pescados grasos, yema de los huevos y en algunos alimentos suplementados artificialmente (leche, yogures, zumos o cereales).

Sus principales y vitales funciones son:

  • Absorción de calcio y la mineralización y resistencia del hueso.
  • Mejora la función muscular tanto en su actividad como su recuperación tras el ejercicio.
  • Protección frente al desarrollo de algunos tipos de cáncer.
  • Ayuda a un mejor control de la tensión arterial y de los niveles de azúcar, disminuyendo el riesgo de desarrollar la diabetes.

Para mantener un adecuado nivel de vitamina D es fundamental asumir una dieta variada que incluya alimentos ricos en esta vitamina y una exposición solar adecuada, siempre atendiendo a las precauciones necesarias para proteger nuestra piel.

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